Cuando una fórmula tiene éxito, es lógico que aquellos que quieran emprender su carrera hacia las altas esferas de la economía quieran utilizar el mismo frasco para sus mezclas. La legendaria película , a día de hoy de culto y que encumbró a un director como Tobe Hopper como una de las leyendas del mundo de terror no quiere parar de cortar extremidades ni provocarnos arcadas. El film se expande con un capítulo mecánico mas.
Una buena campaña para engañar a los cinéfilos pues el resultado final no es mas que una extensión de lo que hemos visto millones de veces y mas tratándose de una trilogía tan concreta. Dos parejas que se topan de bruces con la familia Hewitt, lo demás os lo podéis imaginar sin exprimir demasiado vuestro aparato motriz. Sobre los personajes, volvemos al papel de víctimas sin oportunidad a revelarse aún queriendo hacer parecer al espectador que los Hewitt se enfrentan a una mínima amenaza.
Es el caso de Eric (Matthew Bomer) quién expone hasta la saciedad su pertenencia al ejército Americano y luego esto se acaba difuminando ante las pocas oportunidades que se le da en el guión para demostrar sus dotes como superviviente. Cansado estoy también de esta moda de heroínas con curvas y mucho cerebro que acaban convirtiéndose en la única oportunidad de escapar del infierno. Han tratado tanto a este tipo de personajes que siempre sabremos como va a responder ante las adversidades, en la precuela no es diferente, el personaje de Chrissie (Jordana Brewster) es otro monigote con pilas Duracell. Menos mal que la ambientación está muy conseguida, aunque he de decir que mas que una precuela de la película original parece un film posterior al mismo Remake que hemos tenido que tragar hace la friolera de dos años.
Respecto a las escenas mas cruentas, decir que aunque la sangre aparece y esta provoca nauseas al espectador por alguna que otra escena subida de tono, se intentan omitir como siempre, los cortes directos y las amputaciones en vivo usando para ello un ataque visual que acaba confundiendo al espectador. Optan por jugar con el apartado sonoro lo cual agradecemos pero no quita para que se atrevan a incluir lo que todo el mundo quiere ver en un material tan impregnado de visceras.
La familia Hewitt está bastante conseguida, siendo Leatherface el principal protagonista y del que menos acabamos sabiendo tras los créditos que acompañan el final del producto. ¿No querían ahondar en la figura del hijo aborto? Pues la verdad es que se han desviado una barbaridad mostrándonos de nuevo la figura del enigmático Sheriff Hoyt por encima de aquel de quién queremos saberlo todo. ¿Será esta una excusa perfecta para rodar un “Leatherface al descubierto”? Pues visto lo visto no me extrañaría nada pues con lo que se ha demostrado con este precuela es que no se explota un producto sino que se hace explotar al producto.

Redactor/a: Txapito