Género: Thriller
Director: Rodrigo Cortés
Quizá lo único rescatable sean algunas escenas sueltas, por lo acertado de la fotografía, y varios gags que, sin ser nada del otro mundo, hacen que al menos se nos pase el bostezo por unos minutos. En definitiva, si no sois muy fans de Sbaraglia, mejor buscad otra sala. Si la narrativa destaca por lo confusa que resulta, el tratamiento de los personajes tampoco se puede decir que sea muy acertado.
Redactor/a: Metalicharly Nota: 2/5
Un profesor de historia de economía gana
un premio multimillonario en un concurso. Pero ese hecho, que podría
parecer realmente afortunado, no hace otra cosa que arruinar su vida
por completo. Este es el resumen que podemos hacer del argumento de
esta película que, sinceramente, me dejó bastante frío.
Lo
cierto es que la película parece iniciarse de manera prometedora con el
recurso (tampoco es que sea algo muy novedoso) de empezar contando la
historia precisamente por su final. Sin embargo, a partir de ese
momento el desarrollo argumental no experimenta ninguna mejora, sino
que va ondulando, sin que el espectador perciba con claridad lo que en
ocasiones ocurre ante sus ojos. Por momentos la narración se acelera
para ralentizarse unas pocas escenas después.
Si
la narrativa destaca por lo confusa que resulta, el tratamiento de los
personajes tampoco se puede decir que sea muy acertado, porque aparecen
y desaparecen de escena sin que haya una clara motivación para ello.
Una cosa es que la acción de la película se centre en el personaje
interpretado por Leonardo Sbaraglia, y otra cosa es que los demás
personajes vayan y vengan sin razón aparente, dejando muchas veces una
sensación de que quedan cosas por contar, o partes incompletas, con
lagunas.
Y en
medio de todo este embrollo, la acción se centra en cómo nuestro
protagonista, Martín Circo Martín (capicúa) intenta escapar de la
trampa en que se ha convertido el premio obtenido. Y para ello, tanto
él como el personaje interpretado por Chete Lera nos obsequian con unas
clases gratuitas de macroeconomía y de cómo funcionan los bancos, los
créditos, etc. Y si a esto le añadimos lo anterior, nos encontramos con
un peligro inminente de pegarnos la gran siesta en nuestra cómoda
butaca.